Según su procedencia, podemos catalogar la biomasa en diferentes tipologías:

Forestal:
Producto originado en la explotación y limpieza realizados en bosques. La biomasa forestal por excelencia está basada en la astilla de pino descortezado. O la procedente de cultivos energéticos (chopo / eucalipto). Existe normativa europea que la define y regula. En Centroeuropa es el producto más demandado en el sector de la biomasa térmica. Como factor destacable, su economía.

Agrícola:
La biomasa de origen agrícola está formada por un abanico de productos que comparten la característica de ser residuos valorizados de cultivos agrícolas, tales como la cáscara de almendra o el hueso de aceituna. Al ser productos estacionales (dependen de la cosecha anual del producto agrícola en cuestión), es aconsejable que su uso pueda ser suplantado por otros tipos de biomasa.

Industrial:
El pélet es el producto clásico que ha simbolizado en los últimos años la biomasa. Emplea el serrín de madera, comprimido y encapsulado, como fuente de energía sometida a altos niveles de estandarización. En la península se ha implantado el sello ENplus, como certificado de calidad. Como factor destacable, su homogeneidad y alto poder calorífico.